[Análisis de la quinta temporada]
Repito lo ya dicho, con una ligera modificación: nunca antes un fenómeno televisivo había sido tan palpable como el que se vive hoy en día con Game of Thrones. Anteriormente había afirmado que dicho fenómeno llegaba a su hecatombe en cada episodio ''9'' de dicha temporada en curso: las redes sociales colapsaban, la expectativas se multiplican y esa incontrolable ansiedad por ver cuál sería la próxima jugada -sangrienta y trágica, por definición- de un nido de víboras como Westeros resultaba irresistible. Sin embargo, ya en la cuarta temporada se titubeó un poco con dicha estructura, pues, a pesar de ciertas irregularidades la temporada regaló muchísimos episodios memorables que hacían que el pirotécnico 4.09 ''The Watchers on the Wall'' quedara algo opacado. Este año pasó algo parecido, con la diferencia de que en vez de sembrar las minas a lo largo de la temporada, los realizadores se atrevieron a colocar los momentos estelares de Festín de Cuervos y Danza de Dragones en un sprint final de infarto comprendido en tres episodios en los que las emociones superaron sus límites.
Y es que a pesar de lo satisfactorio que resultó el tramo final (con algunas reservas, si se observan las reacciones de manera colectiva), diría que esta temporada ha sido de lejos la más criticada de todas por las siguientes razones:
a) Este año es dónde más licencias narrativas se han usado. Para que nos entendamos: en un elevado porcentaje de todo el conglomerado final nos encontramos ante la mayor desviación del material ofrecido por los libros hasta la fecha, teniendo David Benioff y D. B. Weiss al parecer la libertad creativa suficiente para inventar tramas nuevas y matar personajes a su antojo.
b) No ha habido un centro gravitatorio en la trama ni geográficamente ni a nivel de personaje. Sí, lo sé, en un relato coral y en un universo tan ajetreado como el de Game of Thrones tal afirmación podría resultar una falacia. Pero en un breve repaso es fácil darse cuenta que las demás si lo han tenido: en la primera el peso caía en los hombros de Ned, y en la tercera y la cuarta Desembarco del Rey servía como foco en donde cada una de las tramas al menos rozaban en los conflictos de la capital. Excluiría a la segunda del listado por falta de cohesión y dispersión narrativa al integrar demasiadas tramas por episodio y darles poco tiempo para desarrollarlas (razón por la que es la más floja hasta ahora) dando una sustancial mejora en la tercera entrega al hacer justo lo contrario: integrar pocas tramas por episodio y darles más tiempo para desarrollarlas (principal razón de porqué es la mejor hasta ahora).
c) El moroso ritmo del tramo inicial de los primeros 6-7 capítulos le restaron intensidad y fuerza emocional al argumento, dando la sensación de que se perdió demasiado metraje incluso cuando la serie nunca ha tenido, en términos generales, la vertiginosidad de Homeland o algunos tramos de Breaking Bad, se echó de menos alguna que otra secuencia o golpe de efecto de esos que se quedan grabados en la retina.
Es por ello que tras el terremoto que sacude en la estupenda finale 5.10 ''Mother's Mercy'' evidencia que la lógica de la guerra en Game of Thrones es mucho más complicada de lo que se podría entrever a primera vista. Por eso ese infartado malabarismo de los últimos tres episodios ejemplifica perfectamente todo el ajetreo que viene arrastrándose desde hace cuatro temporadas -traiciones, familia, rivales, intrigas, poder, dragones, white walkers, sangre, pérdidas- pero a su vez deja a relucir su mayor piedra en el zapato(*): la gran rémora de esta quinta temporada es que es un relato plagado de estrategas nefastos y mediocres, de esos que cavan su tumba sin saberlo.
Stannis Baratheon se comporta como un niño terco al dirigirse hacia una muerte segura después de tantas advertencias y percances durante el camino hacia los Bolton. Las profecías de Melisandre (siempre tan segura de sí misma) se cayeron a último momento. La liberadora Daenerys abandona una Mereen asolada por el terrorismo y al borde de una guerra civil después de tanto esfuerzo por reconstruirla en un dragón que, al parecer, aún no sabe controlar muy bien del todo. Cersei tampoco se puede decir que anduviera muy hábil al enfrentarse a esa panda de gorriones iluminados, que acaban destruyéndola sin piedad en el paseo de la vergüenza (impresionante Lena Heady). Y a su vez, duplas tan interesantes como Jaime y Bronn, protagonizaron con diferencia la trama más aburrida del año en el Reino de Dorne. Tiempo desperdiciado que tanto viaje haya servido para nada. Y hasta Jon Snow, un personaje que por fin ha logrado ser siempre interesante, le apuñalan la osadía de su lado salvaje por la espalda. Como se echa de menos a Tywin Lannister...
Claro, el universo que plantea la serie nunca ha sido un territorio esperanzado ni reconstructivo (todo lo contrario a lo que hizo Treme), pero tanta desazón y el abusar de la muerte de los protagonistas puede hacer que el shock pierda efecto. Pero, a mi me preocupa más la cuestión de la empatía: en un mundo tan trágico como el de Game of Thrones se necesitan héroes (por muy conflictivos que sean) con los que identificarnos, ya que, con esa manía de ir derribando ídolos, los realizadores van cargándose a pasos agigantados cualquier atisbo de redención o esperanza en un futuro. Ahora, salvo Arya (cada vez más entregada a su lado asesino) y Tyrion, cuesta encontrar referentes directos para la emoción del espectador. Porque entre tanta escala de grises cuesta diferenciar si predomina el blanco o el negro en, me atrevería a decir, el 95% de los personajes. Quizás en la sexta temporada se tome nota de ello y se empiecen a reconstruir las lealtades (¿Jaime ahora que anda -cada vez más- redimido y sufriente? ¿El desaparecido Bran Stark?). Lo que estoy seguro es que con el reboot de Cersei será más maldita que nunca, ahora con su nuevo juguete a.k.a La Montaña-modo-zombie 2.0 y al enterarse de la muerte de Myrcella, rondarán cabezas. Cuidado con ella, que dará mucho de qué hablar.
Pasando por el norte, he leído muchas discusiones y teorías entre fans de los libros en cuanto a las posibilidades de resurrección de Jon Snow. Que si Thoros de Myr, que si Melisandre, que si Azor Azai...¡Eso sería demasiado fácil! Al menos tal y como se han manejado las cuestiones en la serie, donde no ha habido apenas siembra. Me explico: en la serie el asunto de la resurrección ha estado apenas presente, siendo un tema casi desconocido para los no lectores y que falta ser explorado. Hasta el momento lo más cercano fueron (¡hace ya dos temporadas y muy alejados del entorno de Snow!) dos miembros de la Hermandad sin Estándares entre Thoros y Beric. Habría que trabajar mucho esa trama ahora para recuperar cierta coherencia narrativa. La otra opción es Melisandre, pero tampoco se puede decir que haya sido muy fiable y ya vimos su estrepitoso fracaso y evidente cara de derrota. Pero claro, Jon Snow es un personaje importantísimo y en los libros dicha siembra si se ha hecho así que lo más seguro es que lo revivan, por mucho que Kit Harington diga que no regresará para la sexta temporada, in my opinion la trama se deberá trabajar eficientemente para que finalmente regrese al final de la sexta.
Ante esta agonía y con tantos cabos sueltos y frentes abiertos en la season finale me temo que lo ideal para la serie es ir colocando fecha de cierre. ¿Siete u ocho temporadas? Porque este año, en especial los vibrantes tres últimos episodios, han ejercido como espacio para abrochar las tramas. Ahora, con los legionarios que han caído, los acontecimientos deberían acelerarse, ya con la vista puesta en la meta.
Por lo demás, me parece que esta temporada ha mantenido tanto las virtudes como algunos de los defectos tradicionales de la serie. Como siempre teniendo un nivel de producción altísimo y secuencias para la historia (el asombroso último tercio del 5.08 ''Hardhome'') y personajes, que, desde la primera temporada, han brillado con luz propia. Entre ellos los tajantes Petyr Baelish, manejando los hilos con una eficacia que ya quisieran tener los principales protagonistas del relato y, en menor medida debido a su ausencia, Varys. Por ello los dos primeros tercios del año sirvieron para ahondar en los movimientos de ese tablero envenenado en donde las alianzas tienen fecha de caducidad.
También ha resultado reconfortante la aparición estelar de los dragones. Desde el título estaba prácticamente cantado que Drogon haría otra de sus hazañas (5.09 ''The Dance of Dragons''). Sin embargo, tras lo sucedido en la finale, con una Khaleessi de nuevo entre Dotrhakis, parece que regresamos de nuevo al punto de partida, aunque con un Drogon lejos de ser un huevo y los otros dos (aún) encerrados. Sin dejar atrás a Daario Naharis y a Jorah en su búsqueda y a Tyrion y compañía tratando de mantener a Mereen a flote.
La última de las virtudes que me gustaría destacar es la de la crudeza mostrada. Creo que adaptar Game of Thrones en alguna cadena generalista sería imposible, por eso de la crudeza que desprende su universo. Por eso en líneas generales la serie ha ido afinando las elipsis desde el primer año. Con secuencia que a más de uno le hicieron alejar la mirada del televisor: la violación matrimonial de la pobre Lady Sansa, las querencias pedófilas de Ser Meryn o la carbonización despiadada de Shireen Baratheon.
Y entre los pequeños defectos, como siempre ocurre en los relatos corales, hay líneas argumentales más flojas que otras. Ya he citado lo poco inteligente de ciertas estrategias bélicas y políticas. Más allá de eso, como ya mencioné Dorne ha sido lo más soso del año. Arya que siempre ha estado interesante bajó un poco el nivel aunque sus secuencias finales fueron impresionantes. Y el empaque sádico de Ramsay resulta cansino. A ver, un villano necesita siempre algún anclaje humano para añadir capas de complejidad (esto es, alguna emoción positiva o señales de redención) para no acabar convirtiéndolo en sólo una maquina de sufrimiento. Ah, y Brianne y Podrick estuvieron algo desligados este año. Parece que los usan para finiquitar tramas más que darles un sendero propio.
Por último, cabría destacar que, aunque el relato tenga el doble, o el triple de irregularidades de las que ha tenido esta temporada, seguiría siendo una historia apasionante. Ya que, por muchas cuestiones morales o políticas que George R. R. Marin proponga eficazmente para dar un retrato sociocultural concreto, el primer mandamiento como espectador (me incluyo) sigue siendo el disfrute estético, narrativo y dramático. Y Game of Thrones cumple con sobresaliente.
P.D: Sé que ya lo mencioné, pero posiblemente no encuentre nunca palabras para describir más allá de lo impresionante (sí, no hay otro adjetivo) que estuvo Lena Heady en la season finale. Ese desmoronamiento dramático y caída ante High Sparrow para posteriormente brindar su mejor actuación en el paseo de la vergüenza con una mirada que pasó de ser seca y vacía a una tenaz, pérfida y llena de odio y dolor ejemplifican lo soberbia que estuvo. No me sorprendería si ganara el Emmy este año como Mejor Actriz Secundaria, que se lo merece.







