jueves, 20 de agosto de 2015

Apuntes para el ocaso de 'True Detective'

-Hay que encarnar la evidencia: True Detective ha fallado estrepitosamente durante esta segunda temporada. Es ley de vida. Los relatos no pueden ser eternos, tarde o temprano las series empiezan a dar señales de agotamiento pero, ay, me temo que la propuesta planteada por Nic Pizzolatto ha descarrilado prendiendo las luces rojas antes de tiempo, porque por mucho que cada temporada funcione de manera autónoma estos ochos capítulos -tan desequilibrados estructuralmente, tan erráticos en su coherencia dramática- es fruto de haber amagado sin pegar. Un enorme bache el cual será extremadamente difícil de corregir en una hipotética tercera temporada.

-Y es que es fácil darse que la decepción de esta segunda temporada ha sido generalizada: antes de que se estrenara ya los críticos americanos habían visto los primeros tres, los cuales tenían en ''stand by'' (ni sí, ni no) esperando a que ese inicio que se disparó en el pie desde el principio remontara. El problema radica en que nunca remontó. Y desde entonces la serie ha caminado lisiada capítulo tras capítulo, perdiendo vitalidad desde la caída progresiva en los ratings hasta esa afección producida por las durísimas críticas del público rebosando ironía, confusión e indignación de una trama sin pies ni cabeza. 

-Es por ello que sobrevivir a las expectativas tras la estupenda primera temporada no era fácil. Pero por mucho que Pizzolatto se tomara muy en serio la idea de un reboot para la serie (nuevas localizaciones, nuevos actores y por ende nuevos personajes, nuevos conceptos, nuevo formato y hasta nuevos directores) la sombra de Cary Joji Fukunaga ha revoloteado por todo el relato haciéndose pedir a gritos que vuelva esa atmósfera tan inquietante y asfixiante que envolvió a unos (mucho mejor definidos y desarrollados como personajes) Rustin Cohle y Martin Hart.

-Lo que ocurre es que ni Ray Velcoro, ni Frank Semyon, ni Paul Woodrugh han sido capaces de insuflar esa misma tensión a cuatro bandas. Ni tampoco aportar algo diferente que le diera cierto tipo de mérito a cada uno de los personajes, ya que parte del problema también radica en los garrafales errores de casting: Colin Farrel y Taylor Kitsch nunca terminaron de funcionar dentro de todo ese retrato de corrupción, pero el fallo más grave fue el de Vince Vaugh el cual probablemente sea recordado como uno de los peores ¿villanos? de la serialidad contemporánea. Ya sea por su limitado nivel de registros gestuales, por su falta de expresividad o porque simplemente le falten un par de bolas para acojonar a una ciudad.

-Por descarte, el personaje más interesante de esta segunda entrega ha sido sin duda esa gélida Ani Bezzerides. La agente de policía a quien da vida Rachel McAdams es la construcción más valiente, dinámica y además moralmente más heroica. De lejos superior a sus compañeros de reparto.

-Y es que también Pizzolato ha empleado, en cierta manera, una repetición en varios patrones que ya se vieron en el primer año: fichó a McConaughey para un papel estrictamente complejo lleno de matices dramáticas teniendo en cuenta sus antecedentes de papeles cómicos. Este año pasa lo mismo con Vaugh, con la diferencia de que uno está a años luz de alcanzar al otro. También se observa lo mismo en la estructura de los episodios, pues, en la pasada temporada el momento cumbre fue ese extraordinario plano secuencia al final del cuarto episodio y aquí se intentó amagar con lo mismo... sin éxito. Me temo que ya era demasiado tarde para levantar una -fallida- temporada a pesar de la espectacularidad de ese tiroteo que, ni siquiera, llega a ser la escena más brillante de la temporada.

-Hablando de brillantez, la tensa discusión entre Ray y Frank al inicio del sexto episodio me parece la mejor secuencia de la temporada para mi gusto. De la misma forma que los títulos de crédito (de nuevo, para mi) resultan mucho más cautivantes, sugerentes y, de hecho, adictivos.

-Ah, otro de los fallos fue el del falso cliffhanger al final del segundo episodio. Es un truco muy viejo y anticuado aunque se puede sacar provecho si sabe utilizar. Aquí no ha habido casi repercusiones dramáticas y ese Hombre Pajaro apenas tuvo relevancia en el relato. Creo que si se hubiese optado por matar (de verdad) a Velcoro en ese primer tercio las posibilidades de superar los límites dramáticos de la serie hubiesen sido inmensas. Y a su vez se sumaría a la (cada vez más presente) tendencia de matar a los co-protagonistas. Véase The Good Wife. Véase Homeland. Véase The Walking Dead. Véase Boardwalk Empire.

-Probablemente se repita lo mismo del año pasado: Fargo, sin tanta repercusión mediática y sin tanta pedantería proveniente de casi cualquier producto made in HBO, resultará ser un producto mucho más original, sutil, emocionante y satisfactorio que esta prescindible segunda temporada.

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