domingo, 29 de noviembre de 2015

'Breaking Bad' sigue brillando.

Cada capítulo de Breaking Bad es una fiesta narrativa. Ninguna serie se ha empeñado tanto en renovar de manera tan seguida y con tanta eficacia el pacto de lectura con el espectador. O lo que vendría siendo lo mismo: ninguna serie ha sabido llevar al límite su trama una y otra vez incitando al televidente a entrar de lleno en una ansiedad incontrolable por saber qué pasará en el próximo episodio participando colectivamente en la mente de los personajes como la ha hecho la obra creada por Vince Gilligan y cía. Y más importante aún, ninguna otra lo ha hecho sabiendo caer de pie. Siempre manteniéndose fiel a las coordenadas -narrativas, formales, estructurales, morales y metafóricas- del relato presentadas en el memorable episodio piloto. Nada de estirar la trama innecesariamente. Nada de dispararse en el pie y caminar lisiada durante varios episodios. Nada de botar hacia el vertedero años de filmación con un final decepcionante o insatisfactorio. No. Breaking Bad va más allá de eso. Precisamente resulta ser una obra tan, pero tan apasionante porque es sobresaliente en todas sus facetas. Y es por ello que a poco más de dos años de su final su legado cultural sigue estando más vigente (y entrañable) que nunca.


Empecemos por el final: una historia con una calidad tan extraordinaria no lo es sin haber culminado con un cierre a la altura del peso que la trama cargaba detrás. Pero, ¿de verdad fue un buen final? ¿qué hace a un final, valga la redundancia, un buen final? Evidentemente, dar una respuesta concreta y certera a tal pregunta resultaría, por muy argumentada que esté, navegar en el terreno miope de la subjetividad. No es lo mismo hablar de dramas que hablar de comedias. No es lo mismo hablar de héroes que hablar de -verdaderas- tragedias. No es lo mismo hablar de Walter White que hablar de Don Draper. Por ello considero que no existe, ni existirá, ningún tipo de manual sobre cómo elaborar buenos finales. Todo lo contrario. Cada final se va elaborando de acuerdo a las coordenadas que el relato vaya construyendo en función al tono, estructura y voz que el realizador imprima sobre su obra, siempre manteniendo la cohesión narrativa teniendo como eje principal a los personajes y a sus travesías a lo largo de los episodios y temporadas de la serie. Es por ello que tras tanto divagar surge impacientemente la siguiente interrogante: ¿Breaking Bad tuvo un final arrechísimo, excelente, bueno, malo, normal o qué? Creo que quedó bastante claro en la introducción de la entrada que -para mi- la serie no tuvo, para nada, un cierre cojo o decepcionante. De hecho, es uno de los mejores finales que he visto precisamente porque los últimos dos episodios (5.15 ''Granite State'' y 5.16 ''Felina'') clausuran, sin prisas y sin amagos fuera de área, toda la carga emocional de los últimos episodios que venían sobrecargados con los mayores ''debe'' del relato (el descubrimiento y posterior cara a cara de Walter-Hank o el ''I watched Jane died'') se condensan en dos brillantes episodios que funcionan más como epílogo que como un acelerón final de los sucesos. Dando tiempo para explorar el estado psicológico de cada personaje y que así se movieran con precisión suiza en los últimos acordes de la melodía poniendo punto final a una historia frenética con un broche que daba un aire al ''happy end'' al finalizar con una última victoria triunfal de Heisenberg al eliminar a los bad boys, liberar a un onírico Jesse y muriendo en el laboratorio. Sin olvidar que desde el punto de vista de Walter su cierre resulta más amargo al no poder ver crecer a su hija, en donde su esposa le odia, su hijo le detesta y fue culpable de la muerte de su cuñado... ¡Muy, muy happy no es todo, desde luego! Pero no por ello hace desmerecer a un soberbio final.

¿Por qué empecé hablando sobre el final? Simple. He vuelto a ver hace poco, por una mezcla de nostalgia y puro placer dramático, varios de los últimos capítulos de la segunda parte de la quinta temporada. ¡Son absolutamente impresionantes! Tienen sus fallos, sí, individualmente uno que otro episodio episodio puede ostentar de un fallo de guión por aquí o cierta subtrama que no funcionó muy bien por allá. Pero la sensación global es insuperable. Me lanzo: esos últimos ocho capítulos son la mejor temporada que he contemplado viendo televisión.

¿La mejor temporada? Y en donde quedan, entonces, ¿la primera temporada de Homeland? ¿la primera temporada de Fargo? ¿la segunda temporada de Justified? ¿la segunda temporada de American Horror Story? ¿la segunda temporada de The Leftovers? ¿la tercera temporada de House of Cards? ¿la tercera temporada de Game of Thrones? ¿la tercera temporada de Boardwalk Empire? ¿la cuarta temporada de Shameless US? ¿la cuarta temporada de Mad Men? ¿la cuarta temporada de The Wire? ¿la cuarta temporada de Lost? ¿la quinta temporada de The Good Wife? E incluso joyas británicas como Sherlock, Black Mirror, Dates o las recién estrenadas London Spy o Doctor Foster... entre otras temporadas sobresalientes de series extraordinarias que seguro me he olvidado o que quizás no haya visto, pero ese no es el punto. El asunto aquí es el por qué considero que dicha entrega de Breaking Bad es la mejor que he visto. Y sí, podría pasar horas y horas escribiendo las virtudes y fortalezas de todas las que acabo de nombrar llenando páginas enteras de texto y quizás alguno objete que dicha serie o dicha entrega es superior, pero, mi entusiasmo y frenesí radica en el simple hecho de que nunca antes había conectado de manera tan viva, audaz y apasionada con los personajes de un relato televisivo a como lo hice con los últimos alientos de Mr. White. Es un ejercicio más vital que intelectual, porque por mucho que el guión exhibía brillantez en cada escena, el nivel de exteriorización y la forma de emocionar(me) manteniendo(me) en vilo semana a semana con una ansiedad casi incontrolable es una sensación que dudo que vaya a olvidar alguna vez en mi vida.



Ah, entonces, si Breaking Bad contiene en su extenso portafolio de episodios la mejor temporada que haya visto, ¿también es la mejor serie de la historia? Uff, difícil. Estoy muy lejos de ser un relativista pero no me atrevería a decir con semejante tono de pedantería dicha afirmación tan contundente. ¡Como si las hubiésemos visto todas! La pregunta es pertinente, of course, pero reclama profundidad de campo en la discusión y no titulares grandilocuentes que exhiban verdades a bocajarro. 

De hecho, si analizamos con frialdad, la serie de Gilligan no ha inventado nada. Simplemente ha perfeccionado muchos de los elementos que la televisión ha amasado estos últimos quince años. Breaking Bad no es radical, nunca lo ha sido, sólo llevó los límites de la trama al extremo desde un inicio aparentemente ''tranquilo''. La peripecia del anti-héroe ya estaba trillada y lo que hicieron fue darle un giro de tuerca: Walter White era un tipo normal al inicio del relato, en lugar de alguien que ya partía con una familiaridad con el crimen como Vic Mackey, Tony Soprano o Dexter Morgan. ¿Novela audiovisual? Puff, también han habido centenares antes de que siquiera se estrenara; la grandeza de la obra ha sido mimar tanto -sin apenas pasos en falso ni saltos forzados- el carácter organico de la trama, sembrando minas y recogiendo con eficacia para dar una tormenta perfecta en los últimos ocho episodios. ¿Estilización visual? Que se lo diga, desde esquinas enfrentadas, a productos como American Horror Story, Hannibal, Mad Men o Six Feet Under. La serie estaba fotografiada con el primor de haber creado un estilo propio y atractivo, el cual heredó con bastante ingenio su hermana menor Better Call Saul, pero nada más.

¿¿''Nada más?? Se dice pronto. Breaking Bad es grandiosa, sin tantos porqués por el medio, porque básicamente ofrece la forma más acabada del relato televisivo. La más sólida. Es también, sobre todo, una historia muy bien contada. Excelentemente narrada. Eso la hace grande y formidable. Por eso despierta tantas pasiones y resulta tan adictiva. La primera temporada es interesantísima, pero no deja de ser una simple introducción de calentamiento. La segunda, sólida y atrevida, atornilló la serie al darle textura con secundarios tan memorables como Saul Goodman, Mike Ehrmantraut, Jane Margolis o Gus Fring y hacer crecer a la gélida Skyler o darle más profundidad a Hank. La tercera conjugó forma, estructura y fondo de una manera tan genial que narrativamente se me hace una de las más completas y equilibradas al salir de su zona de confort y construir a lo que fue el mejor villano de la serie, un órdago continuo y sin fisuras. La cuarta fácilmente se puede catalogar como un frenesí cardiaco de principio a fin y la más explosiva (tanto literal como metafóricamente). Fue la entrega que incluyó la mayor sobredosis de acción de la serie y en paralelo hubo un ping-pong dramático entre el drama más puro, thriller psicológico, acción e incluso terror (Gus matando a Victor con el cutter o Walter delirando sin control ante Skyler por haberle entregado el dinero a Ted, entre otros). Y por último, la quinta, se toma la libertad de añadir géneros como el western, el noir y sustituir el terror de impacto con el terror psicológico mientas que Walt, Jesse y cía lidian con las consecuencias de la muerte de Gus en la primera parte, dejando para el acto final la lucha abierta entre Heisenberg y Hank. Desde luego, creativamente se notó que todo el equipo se preocupó bastante por pulir el diamante de historia que tenían entre manos lo mayor posible. Y lo lograron con un éxito rotundo al no haberla finalizado apresuradamente ni estirarla más allá de lo que reclamaba el auge y caída de Walter White.

Es por ello que en esta reflexión sobre la grandeza de Breaking Bad también es una cita obligada profundizar en lo que fue la (contra)parte de Walter a lo largo de la serie. Jesse Pinkman funcionó tan bien dentro del universo de la serie ya que el es la representación más viva de los dos grandes motores que mueven la televisión: emoción y entretenimiento. No es sorpresa afirmar que Jesse haya sido protagonista en la narrativa de los elementos angulares que puede sobreponerse por encima de la trama: desde sorpresas mandibulares, alivios cómicos. enfrentamientos bíblicos, frases memorables, gestos épicos hasta escenas de Emmy. No podría decir si fue el personaje que mayor evolución tuvo a lo largo del trayecto (tendría que pelear a codazos junto con Walt y Skyler por ese mérito), pero sí fue el que más sufrió y el que más golpes con la vida recibió desde el minuto 1. Por eso despierta tanta simpatía. Por eso es, quizás, el personaje más querido de la serie. Y por eso es, sin duda, el personaje que funcionó mejor como la brújula moral del relato. Incluso por encima de Mike con sus códigos y de Hank con su heroísmo inquebrantable. Ah, y es por ello que nadie puede negar que Breaking Bad es una serie inteligente que quería hacer sufrir al espectador y gozar también con inteligencia, honestidad y tolerancia.


Quizá no tenga mucho sentido desengrasar capítulos concretos de una serie que, como se viene insistiendo, necesita globalidad en su conjunto para apreciar su brillantez. Por ello, estuvo dudando entre meter a la lista unos cuantos. Pero al final pasaron la corte estos once, mis favoritos:

11. ''4 Days Out'' (2.09). Un ejercicio de atrevimiento narrativo y desesperación a cuatro bandas (un episodio embotellado, al fin y al cabo) que logra generar tensión y agonía con tipos en un RV. Lo reivindico tanto por su proeza serial. Ah, y por planos tan imborrables como el que abre esta entrada.

10. ''...And the Bag's in the River'' (1.03). El piloto es estupendo, pero uno se da cuenta de la profundidad narrativa de la serie y de ese juego de ambigüedad moral que tanto, tanto caracterizó a la historia es en este episodio. Es el primer dilema trágico de Walter al estudiar su situación con una lista de pros y contras. Krazy-8, las cortezas del pan y un plato roto.  

9. ''Grilled'' (2.02). Posiblemente sea de los episodios más tensos de la serie y uno de más fulminantes al poner punto final al psicópata de Tuco. Walter-Jesse. Jesse-Walter. Hector Salamanca y una campana. Un loco y una metralleta. Vida o muerte. Acojonante.

8. ''Crawl Space'' (4.11). Es común toparse con este capítulo entre las listas de los mejores episodios jamás hechos. Personalmente no asciende en el top porque los primeros dos actos me parecen, en esencia, muy normales. Pero el último tercio fue lo más parecido a un infarto continuo, en donde el jaque-mate hacia Walter era más que palpable con ese Gus amenazando a toda su familia en el desierto y el posterior entierro de aquel profesor de química para el resurgimiento de Heisenberg con aquella risa enfermiza.

7. ''Fly'' (3.10). Parece que no hay término medio: o adoras ''Fly'' o lo odias. Esto sí es lo más radical que ha hecho la serie -formal y narrativamente hablando- para pedalear con sosiego, atendiendo a cada matiz y desenmascarar la profundidad de los protagonistas en 40 minutos con un montón de implícitos metafóricos. Todo con una mosca como eje gravitatorio.

6. ''Fifty-One'' (5.04). Sin preámbulos: este fue un episodio brutal. ¿Brutal? ¿pero si ni siquiera tiene momentos de acción? No, y tampoco los necesita. Porque la fuerza de este capítulo radica en la violencia callada, el juego de miradas y el terror psicológico. No por ello es secreto que otra de sus virtudes es abrochar uno de los mejores tramos de la serie, es decir, la resignada colaboración de Skyler. Ejemplificada en su intento de suicidio en la piscina y la posterior discusión con Walt en la habitación. ''For the cancer to come back'

5. ''One Minute'' (3.07). La cruda infancia de Los Primos, los speechs más espectaculares de Jesse de toda la serie, la caída íntegra de Hank y los últimos cinco minutos más cardíacos que he contemplado alguna vez detrás de una pantalla con aquella secuencia inolvidable en el estacionamiento. Argumentos sobran para dar alabanzas a este espectacular episodio.

4. ''Confessions'' (5.11). La segunda parte de la quinta temporada, como ya apunté, empezó sin contemplaciones. Una montaña rusa que te desestabilizaba con cada minuto que pasaba. La patada en la boca que le dan Walter y Skyler a Hank y Marie con la cinta de vídeo con esa pérfida confesión es sinónimo de orfebrería de guión. O sea, reconstruir la historia desde el principio sin que resulte forzado, funcionando en paralelo con lo que quizás sea la mayor rabieta de Jesse de toda la serie al descubrir el Brock issue. Brillante.

3. ''Face Off'' (4.13). Otro cierre que sabe explotar con maestría la tensión acumulada. Con una voltereta de ingenio memorable Walter logra vencer una partida mortífera y desigual contra su némesis. Una mueca ganadora de aúpa. Una muestra de maldad pura. ''I won'' proclamaba el anti-héroe tras levantarnos de nuestros sillones boquiabiertos al presenciar a un desfigurado Gus. De los mejores villanos que se han creado.

2. ''Full Measure'' (3.13). Estuve dudando hasta último minuto si colocar este episodio por encima del anterior mencionado o no. Me decidí por una sencilla razón: nunca antes la vida de ambos, Walter y Jesse, había corrido tanto peligro y nunca antes habían estado tan acorralados y sin la posibilidad de movimientos por el tablero. Por ello la maestría de que lo de por sí es un episodio completísimo gana enteros cuando Heisenberg se saca de la manga un plan mortífero en los últimos minutos de la temporada. Pobre Gale. Pobre Jesse.

1. ''Ozymandias'' (5.14). El capítulo más intenso y desgarrador que he visto en mi vida, tejido a base de una secuencia inolvidable tras otra: la nostalgia de la primera mentira, la triste muerte de Hank, el sádico y ya mencionado ''I watched Jane died'', la pelea familiar en la cocina y esa última llamada con Holly como epicentro. El climax de toda la serie. Cinco temporadas desembocan en este extraordinario salón extremadamente volátil. Un capítulo cruel, trágico e inolvidable. Un capítulo perfecto.


Por eso es que Breaking Bad sigue brillando. Porque a más de dos años de su clausura la inteligencia colectiva ha rastrillado cada plano, cada referencia, cada gesto, cada continuidad y cada frase debido a su complejidad y ambigüedad moral aparentemente inagotable. Porque su pacto de lectura a día de hoy aún destila frescura y vitalidad a pesar de estar desde ya bastante tiempo en el olimpo de las series y ser una veterana en la televisión contemporánea. Porque ha demostrado que los episodios se pueden leer y tienen una continuación más allá de los títulos de crédito. Y porque, a pesar de que Breaking Bad es una historia que habla sobre la maldad que todos tenemos dentro, y que por muy en fondo del pozo séptico en el que se esté, la historia mostró que el Bien puede arañar así sea un poco y que nunca es tarde para la redención. 

Hasta siempre, Mr. White. 

Hasta que viajes a ese lugar no podrás volver
donde la última pintura ya no está y todo lo que queda es negro.
En noches grises viene a mí y
algún día castigarán mis hazañas y averiguarán
todos los crímenes.
Mirando hacia esas estrellas en el cielo, aquellas nubes blancas se han vuelto negras.

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